No es sino en la niñez, cuando sentimos esa fuerza para alcanzar lo que queremos, esa luz interior que se va apagando poco a poco cada año, a cada fracaso. Es algo pretérito que sigue siendo vital para avanzar, para querer vivir, para sentirnos vivos. Porque la rutina, la desilusión, y el sentirse maltratado por uno mismo, hace que nos destruyamos poco a poco, apagando cada vez más esa débil luz, que a pesar de todo se esfuerza por brillar, aunque ínfimamente. Y entonces ya solo nos queda el llorar, desahogándonos cuando sentimos que al final hemos acabado tocando fondo.
No quiero volver a sentirme así, no quiero volver a tropezarme intentando encender la poca llama que me queda. Pero dice el dicho que quien nada arriesga, nada gana, y ahora, de nuevo, quiero volver a intentarlo, a arriesgarme. Porque aunque solo sea por una vez, quiero volver a sentirme de niño nuevo. Y aunque solo dure un instante, quiero volver a ser niño, a tu lado.
Felices fiestas a todos :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario