Ayer me vi motivado a hablar sobre un estado de obsesión, y hoy, me veo obligado a tener que hablar sobre otra de esas cualidades exclusivas en nuestra bípeda raza: la hipocresía.
Nunca pensé que cierta persona fuera la que me motivara a hablar sobre este tema, pero ha sido así. La de vueltas que da la vida. Ella no llamaba la atención, ni quería, pero llamó la mía con su forma de ser, su sinceridad y su corazón abierto a los demás. Solo quería sentirse querida, recibir y dar cariño de los demás, pero sentía tanto miedo al mundo que no se mostraba como realmente era. Esa era ella antes, ahora ya no. Muero por saber que fue lo que pasó para que cambiara tan radicalmente.
Ya no queda ni una pizca de lo que eras. Me dijiste que habías cambiado, y yo te dije que sí. Hoy me doy cuenta que ese cambio fue para peor. La naturalidad que te sobraba hoy brilla por su ausencia. Te tildaban de prepotente, pero yo se que lo hacías para protegerte de los demás. Hoy lo haces para mantener tu imagen de "chica madura". Para potar.
Has pasado de ser la excepción, a formar parte del rebaño. Una clon más, mancillada por una sociedad en la que has sacrificado tu esencia para encajar. Has preferido coger el camino fácil, vendiendo tu alma a aquello que rechazabas, aunque eso te lleve por un camino lleno de soberbia, de hipocresía y de engaños. No has pensado en los que de verdad te apreciabamos, los que de verdad veíamos algo bueno en tí. Nos cambiaste por marionetas a los que ahora llamas amigos, marionetas cuyas cuerdas son movidas por la moda, por el pijerío y por el clasismo. Y ahora, no eres más que otra marioneta más.
Que lo pases bien en tu imaginaria vida feliz, y que te dure ese teatro, porque si bajan el telón pronto y decides volver, yo no estaré aquí para recibirte.